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El papel de las escuelas en la construcción de una sociedad civil Imprimir E-Mail

Reflexiones alrededor de una experiencia(1)
Ernesto Gore(*)Síntesis
Una escuela capaz de reconocer la diversidad y al mismo tiempo integrar diferentes grupos y miradas debe ser capaz de desarrollar iniciativas variadas. Esta posibilidad suele ser obstruida desde las mismas políticas públicas, que suelen ser uniformes, y de los modelos mentales, - construidos a través de la práctica misma -, que impiden revisar la experiencia e imaginar escuelas algo más autónomas, capaces de atender a rasgos culturales distintivos.

Este trabajo se refiere a las reflexiones surgidas en el autor como miembro de un comité evaluador para otorgar empresas autogestionadas (chartered schools) en una provincia argentina. De la experiencia del jurado haciendo su tarea y de los cincuenta grupos espontáneos que presentaron propuestas, es posible aprender sobre el tipo de problemas que aparecen cuando se intenta pasar de una escuela que actúa como agencia de un sistema centralizado que toma todas las decisiones a una escuela diversa que sea expresión de diferentes propuestas sociales. Más allá del cambio de políticas parecen necesarios importantes aprendizajes colectivos para que una escuela capaz de atender a la diversidad cultural tenga lugar.

 

Como saldo de la experiencia se señalan la variedad y riqueza de las propuestas que la sociedad puede generar cuando tiene una oportunidad más o menos creíble para hacerlo. También, dos dificultades recurrentes aún en grupos técnicamente muy aptos: la de reflexionar sobre la práctica enriqueciéndola a partir de nuevas teorías y la de definir sistemas de gobierno. A estas tres cuestiones: la variedad de propuestas y las dificultades para reconocer la propia práctica y proponer sistemas de gobierno se refiere el trabajo.

Con respecto a la variedad de las propuestas, merece señalarse que si bien ésta era mucho más rica que la surge de los programas uniformes de las políticas públicas, aún parecía insuficiente para atender a la diversidad de la sociedad. Muchos de los grupos que presentaban propuestas habían recibido en los últimos tiempos buena formación docente y eran capaces de enunciar teorías que no parecían poder poner en práctica, lo que sugiere que estas dificultades no se solucionan solamente con agregados de información sino que requieren tiempo para la construcción de conocimientos colectivos a través del debate, la participación y la evaluación de los resultados.

Se concluye afirmando que nuestras sociedades no son caóticas por tener muchas voces, sino porque no hay mecanismos institucionales capaces de escucharlas. Una escuela capaz de discutir sus propios problemas no solamente podría enseñar mejor a sus alumnos los contenidos disciplinares sino que configuraría un currículum donde imaginar reglas de juego para la acción colectiva, la evaluación autónoma de la experiencia y el respeto de los diferentes actores sociales, factores centrales para la constitución de una sociedad civil autónoma y plural, sean parte de la formación que la institución facilita.

Introducción
Estas páginas se articulan alrededor de mi experiencia como miembro de un comité de evaluación para adjudicar escuelas públicas a asociaciones sin fines de lucro (chartered schools) en la Provincia de San Luis. Se trata de dar testimonio de una tarea como jurado. De organizar las reflexiones y sentimientos surgidos cuando diferentes grupos, muchos de ellos formados por docentes, tuvieron la oportunidad de proponer un esquema innovador para gestionar una escuela.

No es el propósito discutir aquí, ni validando ni criticando, la experiencia en sí misma, demasiado reciente para evaluarla, tampoco me referiré al contexto político en la que la misma tuvo lugar. Me limitaré a referir aquello que nos permita aprender de la experiencia en cada una de sus etapas. Aquí describiremos apenas una de ellas: la de ser parte de un jurado que las adjudica.

De mis propios apuntes de la experiencia y de las actas del jurado surgen, a mi juicio, algunos indicios relacionados con las posibilidades y dificultades para delinear un sistema educativo capaz de constituir una sociedad civil sólida cuando ambos, el sistema y la sociedad, están en crisis. Muchas de las observaciones se relacionan con la riqueza y variedad de las propuestas presentadas, otras con las dificultades de los grupos que aspiran a dirigir una escuela para organizarse a sí mismos y diseñar un sistema de gobierno viable para la institución.

Más importantes aun que los aciertos o los errores en sí mismos, me parecieron los indicios que esta experiencia abría para una comprensión de la escuela como comunidad de práctica(2): la escuela como organización, que no solamente enseña a sus alumnos, sino que también enseña y aprende con sus maestros y con la comunidad con la que interactúa.

Algunos rasgos comunes en las diferentes propuestas evaluadas, surgidas de docentes y directivos de escuelas junto a otras personas que sin ser docentes estaban preocupadas por la cuestión educativa, resultan ilustrativos acerca de qué tipo de cosas aprenden o dejan de aprender los adultos que trabajan profesional o voluntariamente cerca de una escuela en el contexto actual y las dificultades que algunos de estos aprendizajes adquiridos acarrean cuando se intenta pensar una educación que pueda atender a la diversidad y que por lo tanto requiere espacio suficiente para la participación, para la equidad, para la calidad y para la innovación.

Describiré en primer lugar algunos rasgos del proyecto en cuestión y, luego de algunas reflexiones globales sobre el problema educativo en el contexto institucional de Iberoamérica, me referiré directamente a las observaciones que surgen de esta experiencia en términos de:

a.el escaso papel que parecen jugar nuevas y valiosas teorías pedagógicas cuando no hay posibilidades de desarrollos autónomos, lo que hace que en vez de herramientas para cambiar el contexto se conviertan en una mera repetición de palabras;
b.la dificultad, aun en grupos técnicamente muy competentes, para generar sistemas de gobierno y reglas de juego que les permitan hacer lo que se proponen en forma participativa y coherente;
c.la riqueza de posibilidades de innovación y diversidad desplegada por los diferentes grupos frente a la posibilidad de hacerlo

Ir al artículo http://www.oei.es/pensariberoamerica/ric03a02.htm

 
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